18 oct 2010

Las penejotas: el origen.

Nuestras queridas penejotas,

Si habéis sobrevivido a un verano plagado de jornadas, vivos y quedadas, ¡enhorabuena! y sed bienvenidas de nuevo.

Nos atrevemos a afirmar que, con mucha probabilidad, durante alguna de esas interminables sesiones de rol de vuestros pejotas en el salón de casa, a pocos metros vuestros, mientras escucháis sus risas y el repicar de los dados, os habréis preguntado ¿Por qué soy una penejota? ¿Por qué esto supera mis fuerzas y sin embargo, mírales, que bien se lo pasan?

Hay que remontarse al principio, a vuestro principio, amigas, para encontrar el quit de la cuestión: ¿una penejota nace o se hace?

Cada una de vosotras habrá tenido su particular y posiblemente traumatizante primer contacto con este mundo de fichas, niveles, dados de imposible número de caras sin puntitos y puntos de experiencia. Un primer contacto que habrá marcado un punto de inflexión haciendo de unas auténticas y capaces, aunque escasas, pejotas y de otras, orgullosas penejotas. Nosotras también, y, cual mala precuela tan de moda últimamente, os lo vamos a contar.


“Mucho antes de ser la Sra. B, yo gozaba de una vida plena de amigos y relaciones sociales de alto calibre. Cuando me refiero a alto calibre me refiero a gente “guapa”. Yo me codeaba con la elite, jóvenes chunteros de fin de semana cuya única finalidad en la vida era emborracharse, ir a la moda y pasear el palmito por las discos hasta altas hora de la noche. Jamás me faltaron aduladores, ni pretendientes, ni una hombrera sobre la que llorar.

Un día decidimos salir los compañeros de la universidad de cena. La clase siempre había estado muy dividida, en un lado, la gente guapa, ósea donde estaba yo y en el otro donde se escondían los frikis; gente que leía libros en sus ratos de ocio y cuya única combinación de ropa era el negro sobre negro. Para mi desgracia uno de ellos se descolgó de su grupo de amigos raros y sin estilo. Llevada por la caridad humana, le invité a agregarse a nuestro grupo. Después de tres kalimotxos el chico raro estaba sentado en un banco contándome las maravillas de un mundo que no acaba de entender. Amigos que se reunían a jugar en una mesa, tiraban dados, y utilizaban la creatividad para otra cosa distinta a la de maquillarse o rizarse el pelo. Sus palabras resonaban en mi cabeza como las de un mesías y hacían sentir que mi vida era una mera ilusión, como la de Keanu Rives en Matrix. Tuve la visión de una nueva realidad que me transportaría a otros lugares increíbles que no eran el centro comercial. Al fin de semana siguiente, me invitaron a una de esas reuniones. Todo eran hombres, heavys con pelo largo o calvos, no había ninguno en término medio. Sobre la mesa un radio cassete de dos pletinas, un libro más gordo que la biblia y siete hojas. Ese día mi vida cambió; el máster alargó su mano y me dijo:





-¿Dados rojos o azules?




La persona que se sentó a la mesa y la que se levantó después no fue la misma. Me había convertido en uno de ellos, tenía un poder que no sabía que tenía, y ese poder era grande: la imaginación. No puedo recordar la temática fue hace mucho tiempo, pero recuerdo las que vinieron después, Mutantes, Vampiro, Mago, Changelling, e incluso el primer día que fuí condecorada con mi primer juego: El James Bond (con aquellas horribles ilustraciones). Aquel día supe que había pasado a Matrix y que mi agenda social no volvería a ser la misma.”

Tras tan sinceras y nostálgicas palabras, sigamos con nuestro particular Big Bang. Se podría decir que la Sra. V tuvo un par de encuentros insatisfactorios con el rol.

El primero se produjo allá por el año 2000, cuando conoció a un grupo de mozos, en apariencia normales. Sin embargo, los susodichos no hacían más que hablar de rol, de su master y de vampiros. Resuelta a participar de la monotemática conversación, a la Sra. V no se le ocurrió otra cosa que preguntar: y eso del rol, ¿qué es? Con el tiempo descubrió que entonces la tomaron por tonta, ya que esta fue la respuesta: “Es un juego en el que juegas (yeah!) en un mundo en el que existen vampiros, magos y hadas, y tu haces de vampiro. Nuestro master es quien dirige el juego, pero tranquila que le vas a conocer.”

Pues bien, el master en cuestión, de quien hablaban como si fuera el mismísimo líder de un movimiento sectario, hizo su entrada en escena ataviado con una estupenda cazadora de piel negra a lo Matrix ondeando a sus más que evidentes aires de superioridad. Era entonces lo que hoy denominaríamos un protofriki, de esos que ni se molestan en hablar con profanos del tema o que si se dignan, lo hacen con tal condescendencia que hasta les duele. Tanta sabiduría contenida en tan arcano ser tampoco sirvió para aclarar a nuestra penejota qué era eso del rol, pero uno de sus acólitos se despidió dejando en las manos de la Sra. V, en lo que suponemos un arranque de romanticismo pejotil, su primera ficha de personaje (¿Por qué demonios la llevaba en la cartera?). Era un vampiro, claro.

Aquella ficha arrugada, perdida después de varias mudanzas, despertó el gusanillo en la Sra. V, que terminó años después sentada a una mesa camilla (de las de brasero) intentando comprender qué son las esferas y por qué había tenido que elegir la Orden de Hermes para jugar a Mago si apenas la diferenciaba de las demás. De aquella sesión sólo quedó una ficha a medio completar, un máster probablemente desmotivado para los restos y la convicción de que aquello no estaba hecho para ella.

No nos engañemos, queridas, ninguna de nosotras creció soñando ser un marine espacial o una semi-orca bárbara. ¡Pero no desesperéis! La multitud de ambientaciones disponibles a día de hoy pueden ofrecernos un amplio abanico de posibilidades (y si no las hay, las inventamos ¿de verdad aún pensáis que se necesitan reglas para jugar a rol?). Y existen directores de juego estupendos, pacientes y originales, ya muy lejos de los mohosos protofrikis, que flaco favor hacen al entrañable rolero medio, y de quienes debéis cuidaros pues, aunque en peligro de extinción, haberlos, haylos.




Para muchas, tenedlo claro, aún no es tarde, si la partida es buena.

4 jul 2010

Sistemas de juego: Una nueva esperanza.





Nuestras queridas penejotas, y en esta ocasión, tambien pejotas;

A veces nos da por pensar,… sí las penejotas lo hacemos con frecuencia, y nos preguntamos ¿qué hay más allá en la vida de un rolero? Pocos casos se conocen de roleros que han hecho los votos matrimoniales sin romper su ficha de pejota, muchos menos que hayan sobrevivido a una paternidad-maternidad con un sistema de juego que se haya mantenido en sus vidas. A lo cual, llegamos al meollo de todas las cuestiones:
¿Cómo es el proceso de creación y gestación de un pequeño pejota?
Nos sentimos orgullosas de conocer algún caso que otro. Que un rolero compatibilice la vida familiar y la friki en un estado de gracia y perfecto equilibrio es algo tan escaso de ver como una camisa de Ralph Lauren en unas jornadas. Sin embargo, ellos están ahí, desatando la envidia de unos y la incredulidad de otros, pero sobre todo, nuestra curiosidad.



Porque la decisión de tener un hijo es algo muy complejo: imaginemos a nuestro PJ, sentado en el borde de la cama con sudores fríos y en calzoncillos, ante esa disyuntiva…
¿Qué sistema será más efectivo para dejar a su penejota embarazada?¿Cuántas tiradas hay que hacer? Si el sistema determina las tiradas, ¿será más efectivo un sistema D20
aunque el porcentaje de pifias sea mayor?



Son cuestiones que no pasan inadvertidas para el rolero medio. Si a eso le sumamos las características de la ficha principal, como seducir, engañar, embaucar, apariencia, etc.… las probabilidades de éxito se pueden ver considerablemente reducidas, ya que probablemente habrán gastado los puntos en habilidades tales como trepar, entomología forense, empatía animal y combate con armas cuerpo a cuerpo. Ciertamente, estas habilidades podrían tener una relación positiva con la procreación, pero a alguno de los dos involucrados no le gustaría.

Es cierto que muchos roleros no tienen problemas con sus sistemas de juego;
una puesta en escena elegante al estilo James Bond, acompañado por algo de verborrea romántica sacada de Alatriste, y un regalito como el típico collar élfico de la inmortalidad, pueden ser un buen planteamiento para la faena. Si además de todo esto tienes suerte y la fuerza te acompaña esa noche, puede haber altas probabilidades de sacar un criticazo como el que le hizo Han Solo a la princesa Leia con los mellizos.

A la par, hay que pensar en los Masters que no están muy seguros de ampliar el número de pejotas en la partida de su vida. Estos necesitan un sistema de juego diferente, uno que tenga buenos modificadores (lo que viene siendo, de toda la vida, preservativos). Recordad ante todo mirar la fecha de edición, no es la primera vez que el sistema falla por ser un juego desfasado y con erratas.


Otros pejotas prefieren recrearse a la hora de llevar a la práctica sus sistemas de juego. El dungeon master, deseando entrar en tu mazmorra, ofrece un montón de complementos para meterse más a fondo en la partida: anillos únicos, armamento mágico, música ambiental e indumentaria apropiada para poder jugar con movilidad por el tablero o por la cama en su defecto. Este sistema por el contrario no da beneficios a corto plazo, las campañas son largas y tienden a desesperar a la penejota. Esto puede provocar el hastío de la pareja y acabar en el cuarto de baño tu solo, con cualquier manual o ampliación de mala muerte. Queridas penejotas, cuidaros además de los pícaros de D&D ya que cuando terminen, ¡¡¡os van a saquear!!!!

Si, siguiendo con nuestra argumentación, el tipo de master o jugador es lo que determina el sistema de juego en la cama, podréis encontraros además, en los siguientes supuestos: Si tu pejota es un poco munchkin, sólo se preocupará de conseguir su propio “beneficio” dejando a la penejota en pleno rolus interruptus. Con un master con preferencia por el rápido y fácil, como su nombre bien indica, será divertido pero corto, y no todo lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Si el master elije un sistema narrativo y es de campañas largas, hay muy pocas probabilidades de acabar de jugar y muchas de perder mucho peso en el intento. Si el master es novato, la experiencia puede ser nefasta para la penejota y puede que no quiera volver a jugar aunque también es más manejable, mientras que si es un master experto, es muy posible que se repitan las partidas y la penejota tenga deseos de ampliar fichas.

Los FUDGE, ahhhh, los FUDGE… para ellos, ¡¡¡¡menos no es más!!!!

Con un amante de La Leyenda puedes perderte en un sinfín de aburridos prolegómenos protocolarios que no siempre garantizan un mínimo de cinco (anillos) y mucho menos, nada legendario. Un amigo de los juegos independientes y los sistemas originales puede llegar a sorprenderte gratamente, pero cuidado, puede llegar a ser demasiado exótico.

Aléjate de los amantes de las miniaturas, por motivos obvios, aunque no de los coleccionistas de juguetitos, que en ocasiones, no vienen mal del todo.



Con eso volvemos al tema principal. Ya tenemos a nuestro rolero medio, superada una tirada de predictor, unos meses después observando, de nuevo con sudores fríos, la ecografía de su nuevo pejota. Al principio no tiene muchas habilidades ni características, es una ficha difusa, borrosa y en blanco y negro. Ya sabemos en que ahorran los editores de rol, mucha pasta dura por fuera… pero luego nada de nada. Eso sí, concienciaros para desembolsar unos costes adicionales importantes. Si pensaste que Pathfinder cambiaria tu economía, o que no podría haber nada más caro que los módulos del D&D, prepárate para lo que te viene encima.

Pero no desesperes, como rolero que eres, atraerás a tu nuevo pejota al lado oscuro del rol, y con él continuará una nueva generación de roleros. Un Skywalker que heredará tus X-wing, tus figuritas del señor de los añillos, el autógrafo de William Shatner, tus dvds de Batman y toda tu colección de cómics. Un pejota que algún día te superará en Destreza, Inteligencia y número de dados.

La fuerza del rol es intensa en el pequeño pejota, el master la tiene, tú la tienes y tu penejota también.

No lo olvides.

5 may 2010

Cuando los pejotas se van de jornadas: una aventura para Las Penejotas, el juego de rol

Nuestras queridas penejotas,

Ocurrirá frecuentemente, sobre todo cuando se aproxima el buen tiempo, que vuestros pejotas, equipados con las camisetas más frikis que tengan y un par de mudas de ropa interior, partan ilusionados hacia lo que se viene denominando jornadas (de las que ya hablaremos más extensamente) a reunirse con un montón de iguales a jugar a rol, hablar de rol y comprar rol.

Ante tal perspectiva de diversión sin par durante todo un fin de semana, muchas os decidiréis por acompañarles (¡suerte amigas!), así que es para el resto, las que preferís quedaros en casa, para quienes hemos diseñado esta aventura, que empieza cuando la penejota se despide de su correspondiente pejota.

Al principio las expectativas de la penejota tienen que ser muy altas, hay que dejar que se confíe: un sábado sin sesión de mal cine de ciencia ficción, un domingo sin el salón invadido por los jugadores de la partida de turno, el ordenador por fin disponible... En definitiva, permite que se acomode a su extraordinaria situación y se familiarice con sus habilidades y dones (que son muchos, por cierto...)

Sin embargo, el segundo día de soledad, cuando la penejota esté en su apogeo definitivo, deben empezar los problemas. Plantéale un reto aparentemente sencillo, algo rutinario: limpiar la casa, como haría cada fin de semana. Puedes sugerir que ponga la música a todo volumen mientras tanto y tal vez la penejota termine bailando con la aspiradora y cantando con el palo de la fregona. Eso quedará a su elección, pero debes premiar cualquier buena interpretación por su parte. Cabe la posibildad de que decida dejar una habitación sin hacer y la reserve, tal cual la dejó, a su pejota. ¡Bravo por ella!

Cuando llegue la hora de hacer el baño y esté centrada en el lavabo pídele que haga una tirada de Familiaridad con los ruidos de la casa. Si no la saca, se dará cuenta cuando el daño sea más grande, pero si la saca, se volverá hacia la bañera alertada por un borboteo para descubrir con horror como el agua que cae por el sumidero del lavabo vuelve a salir por el sumidero de la bañera con un color sospechoso. Todas las comprobaciones que haga por encima sólo le servirán para cerciorarse de que efectivamente, esas tuberías están extrañamente conectadas y además se han aliado contra ella.

Es el momento de equiparla. Indícale que cuenta con un desatascador estándar, de esos que hacen ventosa de toda la vida (nada legendario) y con un cable o vía que alguna vez se ha utilizado para desatascar el fregadero.

Sobra añadir que esta penejota pregenerada no cuenta con puntos en la habilidad Fontanería.

Pues bien, si prueba con el desatascador, no conseguirá más que ir oscureciendo el agua que sale por la bañera, y la vía, por desgracia, no cabe por ninguno de los dos sumideros.

Si a ella no se le ocurre, siempre puedes, como buena directora de juego y todopoderosa que eres, colar en este momento exacto una oportuna llamada del pejota (que, aclaremos, tampoco es fontanero precisamente).

Al ponerle al día de la situación, pide de nuevo que haga una tirada, esta vez de Obviedades. El pejota puede contestar (siempre con el barullo de las jornadas de fondo): dale con el desatascador y/o tienes que abrir la trampilla redonda que hay en el suelo del baño con un destornillador y meter por ahí la vía y terminar con un: déjalo, ya lo miro yo cuando vuelva. Esta última frase herirá en lo más profundo el orgullo de la penejota, así que ponla delante de la caja de herramientas.

No le facilites la búsqueda del destornillador adecuado. Deja que se pregunte una y mil veces por qué no se ha inventado uno universal y que si está inventado ¿por qué no lo tienen en casa? Complícale un poco más las cosas evitando que encuentre uno perfecto y sí deja que de con uno que se aproxime.

Cuando se enfrente a la trampilla citada (o sifón, para entendidos) dará igual en qué sentido gire el tornillo: está pasado de rosca. Tras varias vueltas a derecha y a izquierda, plantéale una sencilla tirada de Intuición femenina: la tapa de la trampilla está suelta. Tal vez si una el destornillador como palanca y arranca la tapa en lugar de desatornillarla, la abrirá definitivamente. Al abrirla, la tapa dejará al descubierto un agujero lleno de agua negra, pero negra, negra. Seguro que no hay en todo Mordor un lago con una agua así.

Ha llegado el momento de meter la mano, sin guantes claro, porque no los tiene en el equipo, y comprobar donde estás las salidas de las tuberías por las que hay que introducir la vía. Palpando encontrará 4 agujeros, de los cuales, tiene que usar solo 2, pero eso ella no lo sabe. Describe en este momento el tacto de algo asqueroso y viscoso, tipo sudor de Alien.

Justo mientras tiene el brazo metido hasta el codo en ese nauseabundo líquido digno del triturador de basura de la estrella de la muerte, de pronto, haz que suene el telefonillo o el timbre de casa, y no una vez, sino varias, como si fuera algo urgente. Si la penejota decide atenderlo, además de dejar un buen reguero de mierda por la casa que acaba de limpiar, descubrirá con disgusto que quien llama es un cartero comercial.


Todo pejota tiene un amigo manitas y será él quien llame al rato para prestar su ayuda y sus vastos conocimientos: Compra un desatascador líquido de color rosa, !que puede con todo! La aventura podría terminar aquí, sin embargo, cuando la penejota se decida por acudir a comprar tal maravilloso y mágico remedio, seguramente destilado por arcanos alquimistas, recuérdale que es festivo y está todo cerrado.




Descubiertos los agujeros hay que meter la vía a ciegas: harto complicado. Habrá agujeros en los que la vía llegue más lejos y otros en los que la vía tope con algo (o empiece a dar vueltas sobre si misma, ¡todo puede ocurrir en el subsuelo!)

Vía para delante, vía para atrás, será cosa del azar tras una tirada de Paciencia, que quede perfectamente desatascado o que la penejota se conforme con que el agua del sumidero sube un poco, pero no llega a salir a borbotones como al principio ¡y eso ya es mucho!
Al llegar la hora de volver a poner la trampilla, está no cerrará, por supuesto. Si a la penejota se le ocurre ponerla de forma que apenas se note que está abierta y además plantarle encima una esterilla para disimular, prémiala con un estupendo resto de fin de semana, tranquilo y sin sobresaltos.

La aventura terminará cuando el pejota entre por la puerta y se produzca la siguiente conversación entre él y nuestra querida penejota (que aún conserva ronchones negros en los brazos ¡después de haberse duchado dos veces!):

- ¡Ya estoy en casa!
- ¿Qué tal las jornadas, rey?
- Bien, aunque no hemos jugado a rol
- ¿No? Pues haberte quedado ¡¡¡Porque yo sí!!!

14 mar 2010

Desdoblamiento pejotil II


Como ya hemos comentado en el apartado I, está claro que nuestro pejota puede tener no solo una vida, sino varias, y no en mundos paralelos, sino en la misma sala de estar. Es bonito imaginar que tu PJ tenga más de una versión de si mismo remasterizada por toda la web, distintos foros o juegos on-line. Y dentro de esas versiones ¿qué tipo de PJ es? Porque que tu pareja sea un paladín, un hechicero o un maestro Jedi mola, sobre todo si eso lo extrapolamos a la intimidad del dormitorio.


Hay algo que todas deberíamos establecer como principio, casi como derecho fundamental a nuestra condición: no pasamos por tener que ayudar a nadie a hacerse una capa para un vivo del señor de los anillos, si eso antes o después no desfila por nuestra alcoba. Una cosa es ser penejota y la otra ser idiota. Si ellos desean verse como un montaraz, no tenemos ningún inconveniente en imaginárnoslo como Viggo Mortensen. Es lo que se llama un “fifty-fifty”. Sí, sí… no os escandalicéis, a nosotras tampoco nos gusta llegar a hablar en estos términos, pero es que esto ocurre más veces de lo que parece.


Pero… ¿qué pasa cuando tu pejota elige, con una sospechosamente alta frecuencia, un personaje femenino para interpretar?.


A lo largo de nuestra vasta experiencia como observadoras de multitud de partidas, nos empezamos a percatar que el perfil de personajes de muchos pejotas era el de una mujer atlética de corta edad, afroamericana y de gatillo fácil. Eso nos hizo cuestionarnos muchas cosas.

¿Cómo se puede llevar a una chavala de 19 años con minifalda y Beretta en la mano y después volver a casa como si nada hubiera pasado?.


Nuestra seguridad y convicciones flaqueaban… esos rudos y barbudos pejotas acumulaban varias fichas de personaje con ese perfil. ¿Qué podría significar? ¿Acaso habían sido mujeres en otra vida?, ¿Sería esto consecuencias ineludible de ver Sarah Connor Chronicles ininterrumpidamente o de la admiración ciega y, en apariencia, innata, hacia la Teniente Ripley? ¿Sería ese el sentido de los pósters de la chica de Ghost in de Shell por toda la habitación y no simple y sano onanismo?

¿Qué hacer ante una cosa así? Si nuestro pejota se ve a si mismo como una mujercita en apariencia frágil pero despiadada… nos asalta la madre de todas las dudas: ¿cómo nos ve a nosotras?

Empezamos a pensar que si su alter ego era una estupenda mujerona negrata con pistola, el nuestro debía ser… Dios… ¡Samuel L. Jackson!


Tras del shock inicial, buscamos en Google razonables respuestas a esas preguntas, obviando páginas de Psicoanálisis. Sabíamos que lo que íbamos a encontrar no nos iba a gustar, pero ya nada nos frenaba. Descubrimos entonces, en foros de rol, que al parecer esa era una práctica muy extendida entre el rolero medio. Podían llevar pejotas de diferente género. Por lo general, esos personajes eran siempre mujeres jóvenes, con sobresaliente en carisma, seducción, mentir y armas arrojadizas. Se dan en cualquier ambientación: elfas o semielfas en fantasía, tapadas en Alatriste, guapísimas y exuberantes mutantes en ciencia ficción, magníficas valkirias en Conan, jóvenes hechiceras con poderes sobrenaturales o aprendices jedis de color azul pitufo. Todos los roleros han ostentado un pejota femenino en su vida. Es más, sin pudor alguno, se seducen entre ellos, interpretan íntimos encuentros e incluso, hemos leído, que ha habido sexo en algunas partidas de rol. ¡Qué escándalo! La piel se nos eriza. Una imagen agónica se apropia de nuestros cerebelos… dos hombretones con sus pelos en el mentón y su camiseta heavy metal interpretando una tirada de seducción. Eso es algo impensable, todo el mundo sabe que el rolero medio no seduce, tira dados y pifia directamente.

¿Realidad o ficción? Como diría nuestro amigo Friker Jiménez… hay cosas que es mejor no saber.

24 feb 2010

Desdoblamiento pejotil




Nuestras queridas penejotas,

Queremos advertiros de algo que, si no os ha ocurrido ya, estará a punto de pasaros, y no es otra cosa que el hecho de conocer al alter ego de vuestro pejota.

Cual doctor Jeckill y su primo Mr Hyde, prácticamente todo buen pejota que se precie de serlo (podríamos apostar por ello, el jugar, ambas dos, una partida 24h non-stop a, por ejemplo, Redención) tiene una doble vida, a lo superhéroe: la normal, casi todo el día, y la de internet, en ratos muertos en el trabajo y, no nos engañemos, siempre que tenga un ordenador cerca. Puede pasar largos períodos en foros, partidas on-line y ¡cuidado! puede que incluso tenga un blog y se autoadministre.

Esa persona que está en la red no se llama Paco, Luis o Miguel, o sea el que sea el nombre común (o de esclavo) por el que le conocéis, no señoras, esa persona se ha rebautizado con un extraño alias, generalmente relacionado con alguna de sus múltiples aficiones: rol, cine, literatura…. En ocasiones pueden llegar a combinar, con desigual resultado, varias aficiones a la vez.

PODRÍA PASARLE A USTED:

- Piticlin, piticlin, piticlin ….

- ¿Sí, dígame?

- Hola, ¿está Darth Alatriste?

- ¿Quién? Creo que se equivoca…

Si dedicáis un momento a leer ese blog o los post que prodiga con soltura por la red, que no os sorprenda descubrir como ese Juan, tan atento y tímido que presentasteis a vuestros padres, es un perfecto flammer capaz de declarar guerra abierta y enemistad eterna a cualquiera que mancille el buen nombre de juego favorito. Según sea su grado de incendiario, llamemos las cosas por su nombre, ha podido ser expulsado de más de un foro, e incluso puede tener su propio némesis, otro pejota al que tarde o temprano terminará conociendo en unas jornadas, haciendo de él su amigo y con quien desde entonces hará causa común para echar más leña al fuego.

Es posible que ese Pedro, delgadito y poca cosa con quien compartes cama, sea en los mundos de Warcraft un enorme paladín de metro noventa con espadón mágico temido a la par que admirado por los clanes, entre otras cosas, por su bien llevado nivel 63. ¡Eso son 13 € al mes bien invertidos, y lo demás tonterías!

Queridas penejotas, cabe la posibilidad de que vosotras mismas os veáis abocadas a una cibernética vida de anonimato, como quienes suscriben, porque ya se sabe que todo se pega menos la hermosura, pero tened bien presente siempre que PODRÍA SER PEOR:

- Piticlin, piticlin, piticlin

- ¿Sí, dígame?

- Hola, ¿está MazoCachas-32?