15 ene. 2012

Ponga un Dovakhiin en su vida

Queridas penejotas. Es posible, probabilísimo, que la conversación que vamos a reproducir a continuación se dé en vuestra casa (o que ya se haya dado). Advertimos, a todas aquellas que aún no han pasado por el trance, de que las palabras de vuestro pejota irán invariablemente acompañadas de una lánguida, triste e irresistible mirada a lo gato con botas de Shrek.

Pejota: He encontrado una oferta buenísima, no va a ser nada caro, ya verás. Y… (inserte justo aquí la miradita mencionada) hace mucho que no me compro uno…
Penejota: ¿Y ese de los señores que pegan tiros?
Pejota: ¡Pero ese fue hace mucho!
Penejota: Vaaaale…

¿Qué de qué hablamos? Amigas, hablamos del videojuego Skyrim, o la no sé qué parte del Elder scrolls, o del Oblivion… Da igual, ¿a alguna nos importa?

Comienzan las advertencias del entorno preocupado: que cuando empiezan no pueden parar, que hay mucho vicio con eso, que es como drogaina, ya te puedes ir despidiendo de él…
Y por fin llega a casa.

Cuando te echas a la cara por primera vez la cajita simplona con la portada sosa que tiene, piensas: ¿Esto? Esto es inofensivo… psssss.

Pero nada más abrirlo descubres con horror que ese estuche sencillo contiene… ¡¡un maldito y enorme mapa!! Nada, amigas, NADA es fantasía si no tiene un mapa. Que quede claro. ¿Os es que acaso alguno de los libros que invad… adornan las estanterías de casa no cuentan con su correspondiente mapa? ¿Y no es cierto que todos parecen el mismo mapa, pero girado y ligera, ligerísimamente, modificado? A un buen ojo penejotil entrenado eso no se le escapa, pero a ellos, ¡les encanta!

¿De verdad necesitan un mapa nada manejable de papel para jugar en el ordenador o la consola? En serio ¡que es de papel! ¿O es que tal vez pretenden colgarlo en la pared? En eso no cedáis, por ahí ¡no pueden pasar!

Superado el encuentro con el mapa, el pejota empezará a jugar. Y seguirá jugando. Y seguirá jugando. Y jugando. Y jugando. Y jug…. ZZzzzZZZzzzZZZZ… ¿Pero es que esto no se termina nuca o qué? ¿Dónde quedaron aquellos jueguecillos en los que la mayor ilusión era llegar a la pantalla final (fí-nál) y acabar con el último (úl-tí-mó) malo? Aaaaah… queridas penejotas, cuan obsoletas estamos en términos videojueguísticos.

Skyrim y juegos similares son interminables. Infinitos. Inmortales. Jamás el tedio se hará presa de la paciencia de nuestros pejotas, extrañamente dilatada para la ocasión lúdica, y la sangre seguirá fluyendo alegremente por esas nalgas y esas piernas, normalmente inquietas, ahora inmóviles durante largos periodos.

Esta es la cruda realidad: lo único que termina con Skyrim es: ¡otro Skyrim mejor!

Cierto día, después de escuchar desde el sofá los gemidos de la compañera del personaje (qué más que luchar parece que esté fungiendo) y harta de verte envuelta en mil y una conversaciones sobre las maravillas del juego, nos picará la curiosidad y nos sentaremos a unirnos con nuestro enemigo. El pejota supervisará cada uno de nuestros movimientos, cual viejuno contemplando una obra en la vía pública.

Aquí un "printiscrín" real de la personaja
Después de casi diez soporíferos minutos de un video introductorio, llega el momento de hacer el personaje: esto mola, es como en los sims: eliges el pelo, los ojos, ajajaja, ¡mira que graciosa y femenina la orca! Pero ¡no!, esta fase termina muy pronto y rápidamente el pueblo en que está tu personaje es atacado por un dragón. Y allí que lanzas tu a la personaja estilizadísima que has creado.

“¡¡Pero bueno, si ves un dragón no te pongas delante suyo!!” grita el pejota condenado, porque él invento el cómo huir de los dragones. Realmente suena más a:¡¡sivesundragónnotepongasdelantesuyo!!”

Conversaciones, una noche cualquiera:

Pejota: ¿Te cuento una cosa que he hecho hoy?
Penejota: ¡Claro!
Pejota orgulloso: ¡Hoy he matado mi primer dragón!

Sigues a un tipo (uno que de hecho te dice que le sigas) “¡Ah! has decidido seguir a este” y tu, como ahora le ves entusiasmado “Shíiii, shíiii…” ¿Pero es que había otra opción? ¿Había otro tipo?

Intentas, porque de veras lo intentas, ir a tu aire, jugar a tu ritmo, y hasta disfrutar un poco, pero con el pejota al lado, queridas, es imposible. Que si: “levanta la cabeza que vas mirando al suelo” o “te dejas esa estantería sin investigar” o tonterías a las que solo él da importancia como “¡No mates a los tuyos!”

Más tarde: “Apunta bien al oso. Apunta bieeeenn…” “flap” “flap” “flap” y aunque las tres flechas dan en el oso, el oso que no se muere y hay que matarle a hostias a costa de una buena cantidad de vida. “No has apuntado bien”.

Cuando por fin parece que estamos a salvo de dragones, plantígrados, enemigos y, no olvidemos, amigos que parecen enemigos, el pejota se da cuenta de algo “¡te he puesto el modo difícil!” ¡¡Con razón el oso no se moría!! Y tu:“Anda, ponme en normal” Y él: “No, te pongo en fácil” Condescendencia y espíritu protector a la par del pejota, que desea a toda costa que te enganches y no le puedas echar en cara el tiempo que dedica a su otro amor así como tener en casa alguien con quien comentar batallitas virtuales sin tener que esperar a juntarse con otros Skyrimitas.

Y llegamos al punto crítico, el momento exacto en el que una decide dejar de jugar con él delante (pst, para que engañarnos, dejar de jugar definitivamente). El tipo al que acompañas: “Toca una de estas tres piedras que te darán un poder especial” Antes siquiera de que te plantees acercarte a ninguna de las poderosas piedras mágicas, ilusionada por ver cuál de ellas eliges, spoileará tu pejota sobre tu hombro, privándote de ese sencillo placer que por fin te brinda el juego: “Toca la de la derecha, es la que más te conviene” porque amigas, él inventó el saber qué piedra tocar.

Conversaciones, una tarde cualquiera:

Pejota: Está lloviendo.
Nuestra buena amiga Inanna: ¿En serio? (¡¡La ropa!!)
Pejota: Sí. Mira. (señala la pantalla). Llueve en Skyrim.

Dedicado a la asociación de familiares y amigos damnificados por Skyrim. ¡Resistid!