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15/01/2012

Ponga un Dovakhiin en su vida

Queridas penejotas. Es posible, probabilísimo, que la conversación que vamos a reproducir a continuación se dé en vuestra casa (o que ya se haya dado). Advertimos, a todas aquellas que aún no han pasado por el trance, de que las palabras de vuestro pejota irán invariablemente acompañadas de una lánguida, triste e irresistible mirada a lo gato con botas de Shrek.

Pejota: He encontrado una oferta buenísima, no va a ser nada caro, ya verás. Y… (inserte justo aquí la miradita mencionada) hace mucho que no me compro uno…
Penejota: ¿Y ese de los señores que pegan tiros?
Pejota: ¡Pero ese fue hace mucho!
Penejota: Vaaaale…

¿Qué de qué hablamos? Amigas, hablamos del videojuego Skyrim, o la no sé qué parte del Elder scrolls, o del Oblivion… Da igual, ¿a alguna nos importa?

Comienzan las advertencias del entorno preocupado: que cuando empiezan no pueden parar, que hay mucho vicio con eso, que es como drogaina, ya te puedes ir despidiendo de él…
Y por fin llega a casa.

Cuando te echas a la cara por primera vez la cajita simplona con la portada sosa que tiene, piensas: ¿Esto? Esto es inofensivo… psssss.

Pero nada más abrirlo descubres con horror que ese estuche sencillo contiene… ¡¡un maldito y enorme mapa!! Nada, amigas, NADA es fantasía si no tiene un mapa. Que quede claro. ¿Os es que acaso alguno de los libros que invad… adornan las estanterías de casa no cuentan con su correspondiente mapa? ¿Y no es cierto que todos parecen el mismo mapa, pero girado y ligera, ligerísimamente, modificado? A un buen ojo penejotil entrenado eso no se le escapa, pero a ellos, ¡les encanta!

¿De verdad necesitan un mapa nada manejable de papel para jugar en el ordenador o la consola? En serio ¡que es de papel! ¿O es que tal vez pretenden colgarlo en la pared? En eso no cedáis, por ahí ¡no pueden pasar!

Superado el encuentro con el mapa, el pejota empezará a jugar. Y seguirá jugando. Y seguirá jugando. Y jugando. Y jugando. Y jug…. ZZzzzZZZzzzZZZZ… ¿Pero es que esto no se termina nuca o qué? ¿Dónde quedaron aquellos jueguecillos en los que la mayor ilusión era llegar a la pantalla final (fí-nál) y acabar con el último (úl-tí-mó) malo? Aaaaah… queridas penejotas, cuan obsoletas estamos en términos videojueguísticos.

Skyrim y juegos similares son interminables. Infinitos. Inmortales. Jamás el tedio se hará presa de la paciencia de nuestros pejotas, extrañamente dilatada para la ocasión lúdica, y la sangre seguirá fluyendo alegremente por esas nalgas y esas piernas, normalmente inquietas, ahora inmóviles durante largos periodos.

Esta es la cruda realidad: lo único que termina con Skyrim es: ¡otro Skyrim mejor!

Cierto día, después de escuchar desde el sofá los gemidos de la compañera del personaje (qué más que luchar parece que esté fungiendo) y harta de verte envuelta en mil y una conversaciones sobre las maravillas del juego, nos picará la curiosidad y nos sentaremos a unirnos con nuestro enemigo. El pejota supervisará cada uno de nuestros movimientos, cual viejuno contemplando una obra en la vía pública.

Aquí un "printiscrín" real de la personaja
Después de casi diez soporíferos minutos de un video introductorio, llega el momento de hacer el personaje: esto mola, es como en los sims: eliges el pelo, los ojos, ajajaja, ¡mira que graciosa y femenina la orca! Pero ¡no!, esta fase termina muy pronto y rápidamente el pueblo en que está tu personaje es atacado por un dragón. Y allí que lanzas tu a la personaja estilizadísima que has creado.

“¡¡Pero bueno, si ves un dragón no te pongas delante suyo!!” grita el pejota condenado, porque él invento el cómo huir de los dragones. Realmente suena más a:¡¡sivesundragónnotepongasdelantesuyo!!”

Conversaciones, una noche cualquiera:

Pejota: ¿Te cuento una cosa que he hecho hoy?
Penejota: ¡Claro!
Pejota orgulloso: ¡Hoy he matado mi primer dragón!

Sigues a un tipo (uno que de hecho te dice que le sigas) “¡Ah! has decidido seguir a este” y tu, como ahora le ves entusiasmado “Shíiii, shíiii…” ¿Pero es que había otra opción? ¿Había otro tipo?

Intentas, porque de veras lo intentas, ir a tu aire, jugar a tu ritmo, y hasta disfrutar un poco, pero con el pejota al lado, queridas, es imposible. Que si: “levanta la cabeza que vas mirando al suelo” o “te dejas esa estantería sin investigar” o tonterías a las que solo él da importancia como “¡No mates a los tuyos!”

Más tarde: “Apunta bien al oso. Apunta bieeeenn…” “flap” “flap” “flap” y aunque las tres flechas dan en el oso, el oso que no se muere y hay que matarle a hostias a costa de una buena cantidad de vida. “No has apuntado bien”.

Cuando por fin parece que estamos a salvo de dragones, plantígrados, enemigos y, no olvidemos, amigos que parecen enemigos, el pejota se da cuenta de algo “¡te he puesto el modo difícil!” ¡¡Con razón el oso no se moría!! Y tu:“Anda, ponme en normal” Y él: “No, te pongo en fácil” Condescendencia y espíritu protector a la par del pejota, que desea a toda costa que te enganches y no le puedas echar en cara el tiempo que dedica a su otro amor así como tener en casa alguien con quien comentar batallitas virtuales sin tener que esperar a juntarse con otros Skyrimitas.

Y llegamos al punto crítico, el momento exacto en el que una decide dejar de jugar con él delante (pst, para que engañarnos, dejar de jugar definitivamente). El tipo al que acompañas: “Toca una de estas tres piedras que te darán un poder especial” Antes siquiera de que te plantees acercarte a ninguna de las poderosas piedras mágicas, ilusionada por ver cuál de ellas eliges, spoileará tu pejota sobre tu hombro, privándote de ese sencillo placer que por fin te brinda el juego: “Toca la de la derecha, es la que más te conviene” porque amigas, él inventó el saber qué piedra tocar.

Conversaciones, una tarde cualquiera:

Pejota: Está lloviendo.
Nuestra buena amiga Inanna: ¿En serio? (¡¡La ropa!!)
Pejota: Sí. Mira. (señala la pantalla). Llueve en Skyrim.

Dedicado a la asociación de familiares y amigos damnificados por Skyrim. ¡Resistid!


18/12/2011

¿Quien es ese hombre?...

Que me mira y me desnuda, una fiera inquieta que me da mil vueltas y me hace temblar…

Queridas penejotas,…así empezaban los títulos de créditos de una de las telenovelas más controvertidas de estos últimos años. Pasión de Gavilanes. Como persona he de decir que he estado enganchada a muchas cosas en mi vida, la saga de Harry Potter, la trilogía del señor de los añillos, y por que no decirlo… a Pasión de Gavilanes. Si, un desfile de machotes semidesnudos que fueron precursores de lo que después sería nuestra película de culto femenina, 300.

El rolero medio quizás no sepa o no conozca, mucho de ese tipo de seriales de índole tan adictiva al género opuesto, pero debería, ya que muchos de ellos tienen un factor básico. Y es que hay más pectorales y abdominales que en cualquier cómic de Rob Liefeld.

Muchos os preguntareis… ¿Pero que tiene que ver esto con el mundo del rol, el mundo infinito de sabiduría de un rolerus maximus? Y yo responderé, TODO.


No hace mucho tuve la suerte de asistir a un debate en Facebook muy interesante. La profundidad de los argumentos me caló muy hondo, la visión de los tertulianos que asistieron dio un giro muy significativo a mis ideas preconcebidas sobre los superhéroes. Sí, esos hombres, musculados, ingeniosos, rebosantes de carisma y de erotismo… que no sabemos hacia que público se dirigen. No sabemos si son un referente para el rolero común o intentan atraer al público femenino haciéndonos creer que existen hombres con esas dotes tan peculiares.

Sí señores y señoras,… desde que vi Pasión de Gavilanes una duda empezó a asaltarme muy dentro, una duda que me desvelaba por la noche y la cual no me atrevía desvelar…¿Serían los pectorales de Batman más grandes que los de Supermán?¿Qué es mejor?¿Una coraza de cuero moldeada a un torso hercúleo? ¿O una tela azul de licra mojada apretándose a unos abdominales que no son de esté planeta? Preguntas y cuestiones que pasan por mi mente como penejota, después de terminar el capitulo 253 de la telenovela de la tarde.
Es cuando entonces la caja de Pandora de abrió en mi mente,… ¿Quién es mejor, Batman o Supermán?.Fue en ese momento cuando decidí preguntar a más penejotas, escuchar sus ideas sobre el tema. Mujeres eruditas que conocían de primera mano el mundo del que les hablaba. Y ahí es donde los argumentos a favor o en contra tenían sentido para mí.No eran como esos que esgrimía mi pejota, nada tenían que ver con superpoderes, ni con dibujantes, ni películas, ni los orígenes mediocres de un autor que ni su madre conocía. Sino que eran argumentos que se basaban en aspectos en los que ningún rolero medio habría alcanzado nunca a elucubrar.

Una penejota argumentaba que Superman era símbolo poder y virilidad, siempre manteniendo al margen el hecho evidente de que Thor sería siempre ente supremo de la masculinidad por encima de Superman y cualquier otro superhéroe. Pero basándonos en el aspecto básico, al parecer Superman tenía mucho reclamo entre las féminas que no se decantan por el machote cuadrado o el gafapastas intelectual y despistado. Superman encarna esas dos facetas que satisfacen por doble partida a una penejota. Sin embargo, si investigamos más, los protagonistas de Malls Rats, nos desmontan esas apreciaciones con un ínfimo detalle muy importante. El sexo. Con Superman seria inviable, a menos que corriéramos el riesgo de que un chorro ultra potente de semen nos catapultase hasta el otro lado de Metrópolis. En cambio Batman tenía ese halo de chico malote, oscuro, y rebelde sin licra que está forrado y se vale de su ingenio y sus dotes de irresistible frialdad para llevarse a la penejota a la cama. Al menos sabemos fijo que si algo falla en la cama de Bruce Wayne, nos habremos llevado por el camino, una entrada al teatro en palco VIP, una cena en el mejor restaurante de Gotham y algún regalito caro.
El problema de Batman era como constatar si lo que había debajo de la coraza y el supertraje de caucho, era real, o mera simulación en tinta. Las penejotas pro-Superman no acaban verlo claro, por otra parte el mayordomo genera mal fario, y los juguetitos de Batman no acaban de convencer, son peligrosos y no hemos constatado que estén homologados por la Comunidad Europea, ni que cumplan el ISO-9000. A pesar de que el Batmóvil es una pieza de coleccionismo muy a tener en cuenta, el problema, es menos espacioso que el granero de los Kent.

En cuanto a aspectos menos carnales, al parecer Batman parece ostentar más titulación al respecto. No solo es un niño rico, sino que al menos debe tener un master en empresariales para mantener todo su patrimonio, por no decir algún otro tipo de título en artes marciales, e ingeniería técnica para entender a la perfección todos los cachivaches esos que utiliza.
Superman, no tiene más que el graduado de Smallville y una beca para trabajar en el Daily Planet. Circunstancia que comparte con Spiderman, solo que Clark Kent parece que al menos acabó la carrera de periodismo. Aun así, vivir en un apartamento cutre en Metrópolis y tener una compañera que cobra más que tu, no es un reclamo muy atractivo.

Y no acaba todo ahí. Se compara a Batman con un hombre culto, que viaja y sabe esgrima, mientras que Supermán es un hombre casero, tradicional que como mucho sobrevuela el mundo para ir a Kansas. Algunas en sus argumentos alegan algo más importante, Batman tiene guionistas. Esto que parece ser importante también. Si es cierto que para bien de Supermán, Alan Moore escribió alguno de sus guiones, a otras les parece insuficiente ese argumento de uno bueno en 80 años.

Como vemos, las decisiones están muy divididas. Un argumento fundamental y al cual ninguna de las tertulianas tuvo el valor de llevarle la contraria, es que ni la fuerza de Supermán podría hacer nada con el esqueleto de adamantium de Lobezno (si aún lo conserva), ni el traje de Batman podría hacerle sombra a la chupa de cuero de Logan con ese increíble torso velloso que nos retrotrae a los 80. Con Jackman nadie se puede meter. Es sagrado.

Sin embargo las dudas entre el extraterrestre volador, o el pijo traumático de negro seguían mermándonos a todas. Otra de las cuestiones importantes que seguirían en el aire era: ¿Puede Batman meterse en la falla de S. Andrés e impedir un terremoto? No. Superman sí. Cuya respuesta a favor de las Pro-Batman seguía de la siguiente manera:
¿Para que queremos que Supermán impida un terremoto? Nosotras lo que realmente necesitamos como penejotas, es un mayordomo que nos haga las compras, tener una mansión molona, y sobre todo disponer de un montón de pasta. ¿Acaso nos saca de un apuro el retener una placa tectónica? ¿Qué represalias ecológicas y científicas puede tener eso? En cambio Bruce Wayne... tiene tanta pasta, que acabaría con el hambre en el mundo. ¿Acaso puede Superman acabar con el hambre en el mundo? No. Batman Si.

Volvemos a quedar en tablas. La cosa está muy difícil. Es cierto que otro punto del debate que creó ampollas fue el origen de dichos superhéroes. Uno inmigrante ilegal, el otro foráneo de toda la vida, niño pijo de la zona buena de la ciudad, y no un raterillo de clase baja como Daredevil. Superman tiene poderes, Batman no. Pero cuidado, otros ricos hombres de negocios tampoco tuvieron poderes y se valieron de su ingenio para hacerse un hueco, como Iroman. Pero decididamente alguien nos develó en un momento del debate algo en lo que no habíamos pensado. Ironman tiene el superpoder de beberse dos botellas de ginebra del tirón, y ante eso todas tuvimos que callar.

El carácter Emmo. de Batman es un punto en contra. Cada vez que entra en una habitación todo es depresión y agonía. Pero Superman comparte más genes con E.T que con Lois Lane… seguimos en tablas. Superman es del Barsa de toda la vida, y Batman es del Valencia C. de Futbol. Uno tiene a Super Girl y otro a Catwoman, y ambos intentan marcar paquete como pueden.

Por mucho que lo intentemos, las divergencias de opinión hacen que constantemente encontremos réplica en los argumentos contrarios. Pero el hecho evidente es que a la penejota media, le interesan estos temas de tan vital importancia. Ella también es consciente del interés dramático de la elección de un superhéroe como figura cumbre de lo varonil. Y se emociona viendo capas y mayas en cualquier remake de cine. Se fustiga pensando en esos cuerpos perfectos, en esas masas de destrucción masiva con el torso desnudo, o se compadecen del héroe que cae ante su enemigo, victima de la carbonita o de la falta de recursos estilísticos en el guión. A fin de cuentas, si nos paramos a pensar un momento en lo absurdo de todo lo que nos rodea, la cuestión importante de todo esto es…

¿Qué hacemos hablando de DC?

01/12/2010

Solo para nosotras



Nuestras queridas penejotas:

Un par de veces al año, nuestros pejotas se reúnen con (sí, habéis acertado) otros pejotas (endogamia rolera) en algo que llamamos Aldea, que viene siendo casi 24 horas de un no parar de rol, juegos de mesa, charlas sobre sistemas de juego y novedades… Al menos esa era la idea inicial… después de varios encuentros, realmente acuden a ver a sus amigos, y, como no podía ser de otra manera, dado que ahora también son nuestros amigos, siempre acudimos allí las penejotas prestas ¡prestísimas!

Siendo que en el primer encuentro nos debimos mostrar muy tímidas (o prudentes) uno de los pejotas tuvo a bien preparar una partida sólo para nosotras, o lo que se bautizó desde entonces como Only For Women: un (insensato) master, 4 o 5 o 6 (estupendas) mujeres (no todas jugadoras habituales) y toda una aventura por delante.

Sin duda en un primer momento nos tomamos esto como un gesto de buena voluntad y con el ánimo de introducirnos más de lleno en el verdadero mundo del rolero medio.


Pues bien, la primera partida propuesta, fue de Elric. Sea que nos meten a todas en un barco, con un tipo que por lo visto hacía uso y disfrute de cada una a su antojo en orgias de vicio y desenfreno sin fin.

Aquí el master se vio imbuido de la cantidad de hormona femenina que flotaba en el ambiente, pero obvió algunos detalles sin importancia. Y es que las mujeres somos malas, y en compañía de otras mujeres… somos peor.

No recordamos bien qué personajes llevábamos cada una (no esperaríais que nos guardásemos la ficha en la cartera, como aquel del que os hablamos hace poco) pero sí que éramos pérfidas de base. Pero todavía nos hicimos peores: nuestro plan, el plan secreto de cada una, era ir matando al resto de personajas para quedarnos solas con el trono de Melniboné que pensábamos tomar a la fuerza. Creemos recordar que matamos entre todas al tipo del barco y entonces el master soltó la bomba: “una de vosotras está embarazada” a lo que la Sra. V respondió: “pues tiramos por predictor”. Pero no, no había tiradas de predictor en ese sistema. ¡Qué incompleto! El caso es queel master, en un momento dado en el que nos despistamos, nos mató a todas. Una detrás de otra. Sin tirar ni nada. “Ahogada, ahogada, ahogada, decapitada, decapitada” Y para qué queremos más. Eso no se le hace a una penejota. Empiezan a gritarle. Le siguen gritando. Le gritan un poquito más y lo que empezó siendo Only for Women, termina con un “Nadie dijo que fuera fácil”. Añadir la sorprendente poca solidaridad pejotil, ya que el resto de pejotas se reía agazapado, junticos y en la otra punta de la habitación no fuera que a alguno le salpicase. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que ante la penejota el pejota sí está solo. Este pejota estaba destinado a perecer sin saberlo.


Superadas tan prematuras y dramáticas, a la par que injustas, muertes, llega el segundo OFW. El valiente master nos pregunta si hemos visto la serie Firefly. Pues no, no la hemos visto (y a tenor de la cancelación fulminante que sufrió, solo él la había visto) Como mucho a peli, Serenity. Al no haberla visto, basará la partida en uno de los capítulos de la serie.

La Sra. B, encantada, interpretará al atractivo capitán, y la Sra V. a la atractiva inquilina de dudosa reputación de la nave. Y comienza la partida con una estupenda pelea de bar. El sistema era sencillito (o eso nos pareció, a pesar de que el libro estaba en inglés) y nos encontrábamos en nuestra salsa, divirtiéndonos y aprendiendo palabros como “metagame” (dicho con rintintín porque sí, también hay protrofrikis entre nosotras) cuando de pronto ¡dejamos de jugar! Y lo peor ¡nunca más se supo! Fue nuestro primer y traumático rolus interruptus. Eso tampoco se le hace a una penejota. Así que desde aquí te instamos, oh master, que ostentas el dudoso honor de dejarnos a medias, a qué termines lo que empezaste. Hemos dicho.


De partidas a medias, a interminables sesiones: llegamos al tercero de los OFW. No pretendáis, queridos, tenernos más de dos sesiones jugando (o más de 5 horas, si lo preferís). Partida de Mutants and Masterminds con un grupo de superheroinas muy verracas pero divinas a la par. Demostramos (y tanto que sí) que no hacen falta dados. Como el master se despistara, ya habíamos resuelto 4 o 5 acciones del tirón nosotras solas (siempre a nuestro favor, claro). Y que no se molestara en preparar una némesis con su ficha, sus características, su descripción perfecta y su nombre, para nosotras, desde el momento en que la vimos, era “la zorra” y con “la zorra” se quedó para los restos. Todas llevábamos una especie de Super-Busca-Mega-Localizador y de pronto el master nos dice que se nos ha encendido a todas a la vez una luz roja en el aparato. “Ostras, la regla” Exclama la Sra B. haciendo del OFW un auténtico OFW.

Al durar tantas sesiones (recordemos, eso no se le hace a una penejota), algunas jugadoras se retiraron, dando paso a las vaginas alternativas, o pejotas que se prestaron a acompañarnos. Es muy curioso ver a un hombre interpretar un personaje femenino que antes jugaba una mujer como cree que ella lo haría. ¿De verdad nos veis así? En cualquier caso, lo de incluir vaginas alternativas dio mucha gracia al asunto y no será esta la última vez que nos topemos con ellos/as.


Por cuarta vez nos reunimos en nuestro particular aquelarre, esta vez para interpretar a una aguerridas aunque un tanto peludas, furias negras. La cosa prometía: unas amazonas que se pueden convertir en lobo y ¡encima entrar en crinos!, en la Grecia mitológica. En ningún momento perdimos la esperanza de encontrarnos con un Ares como el que se beneficiaba Xena, pero nada más lejos. Empiezan las complicaciones: que si tirar chorrocientos dados, que si teníamos la posibilidad de ir a la umbra (o de caernos en ella, ese concepto no nos quedó muy claro) y para colmo, de nuevo la partida se alarga y cuando creemos llegar al final, el master (sin despeinarse el tío y sin perder la sonrisa, la verdad sea dicha) va y nos saca una hidra!!! Como ya llevábamos aprendido lo el metagame gracias a la protofriki de turno, venga a flechazos y zarpazos con la bicha y claro, cabeza que le cortabas, más que le salían, y eso sí que no se le hace a una penejota agotada. Por un momento, hasta nos planteamos el suicidio de las personajas en los ríos de lava que nos rodeaban… Pero finalmente, muy finalmente, vencimos ¡Estaría bueno!


El último OFW despertó mucha expectativa, ya que íbamos a estrenarnos con El rastro de Chtulhu, interpretando, además, profesoras de la época en una escuela de señoritas y a un cura, a lo padre Karras (y su pelazo), reconvertido en jardinero. La partida iba bien (no tiramos ni un dado), demasiado rápido incluso, tanto que el director de juego pasaba página tras página, intentando situarse, de todo lo que nos estábamos saltando. Veamos, ilustres autores de aventuras: si hay un trastero misterioso, ¿dónde vamos a terminar? Pues en el trastero misterioso. Ah! ¿Que además hay un sótano? Pues al sótano de cabeza. ¡Sobra la mitad del módulo! Y mientras tanto el máster venga a pasar páginas (juraríamos que a veces también volvía atrás). La buena Sra. V interpretaba al padre Karras, que a lo pájaro espino, pretendía beneficiarse a una de las profesoras antes de que el horror cósmico se cerniera sobre ellas. Pero ay! de pronto la jugadora objetivo se retira y hace su entrada un vagina alternativa que dejó la libido del pobre cura enterrada más abajo que allí donde descansan los primigénitos (o primigenios, o cómo sea). La partida termina con algunas de nosotras entrando en una cueva y encontrándonos con vaya usted a saber qué ente que, sin posibilidad de defendernos, nos lleva a una desesperación tal (y tan incomprensible), que el OFW terminó siendo el WTF. Todavía no tenemos claro si morimos nosotras, o toda la humanidad, o si aun están allí los personajes recreándose en el espanto puro y preguntándose para qué habían llevado pistola. Eso, claro está, tampoco se le hace a una penejota.


La verdad, después de todo, es que nos lo hemos pasado muy bien (gracias a todos) y hemos aprendido mucho sobre el rol, principalmente lo que no queremos:


- No nos gusta que nos maten pronto. Vamos que no nos maten y punto.

- No nos gusta que nos dejen con ganas (¿y aquién sí?)

- Nos motivan las némesis femeninas más guapas y más chulas que nosotras, eso aumenta exponencialmente nuestra violencia que focalizamos hacia ese objetivo común. Vamos que nos une mucho. (“Zorra” de nuestras entretelas, no te olvidaremos). Eso sí, siempre y cuando no les salgan dos cabezas al cortarle una.

- Los sistemas no satisfacen por completo nuestras necesidades y los dados, por lo tanto, son prácticamente innecesarios.

- Las cosmogonías lovecraftianas no están hechas para nosotras (y no pasa nada si dices Astur tres veces)

- Nos no gustan las partidas larguísimas, pero tampoco las cortitas. Por lo que concluimos que en el rol el tamaño sí que importa.


Siempre que dirijáis a penejotas

Guardaros muy mucho de llevarles la contraria

Recordad tener presentes y atender sus necesidades

Incluso aunque os parezcan descabelladas (porque nunca lo son).


14/11/2010

Casi Requiem

Nuestras queridas penejotas:

Hemos pasados dos días de duelo, y es que desde la muerte de Superman, o el final de Perdidos, no nos habíamos sentido más hundidas. Incluso después de que a Boromir le ensartaran como a una brocheta en El señor de los anillos, jamás pensamos que derramaríamos tantas lágrimas. Nuestros dados d20 encogían por momentos en la bolsa, y los Fudge ni restaban ni sumaban, se dividían y dividían de pura tristeza. La cara del demonio sonriente dejó de sonreír, y en el senado de SPQrol veían atónitos cómo asesinaban al César del rol.

Han sido días de luto en Nación Rolera, La marca del este, y más lugares perdidos de la galaxia.

Y nosotras, nos hemos sentido viudas, después de saber que Telperion había desaparecido de las ondas.

Vestidas de negro, y con la mirada perdida en el horizonte, ahora sabíamos perfectamente lo que sentía Darth Vader cuando le destrozaron la estrella de la muerte. !Malditos Rebeldes!


Queridas penejotas, quizás os suene de algo lo que es Telperion. Sí, eso que vuestros pejotas escuchan los Miércoles religiosamente en el ordenador. Como si fuera la llamada de la selva, el rolero medio incluso el protofriki, acude invariablemente a escuchar y hablar con los suyos. Y es que los pejotas y los master, están muy solos en el mundo. Telperion es el Dungeon en directo en el mundo del Rol, ese mundo que nosotras sufrimos, pero en el que Telperión, nos regala hora y media de tranquilidad y sosiego en casa. Si alguna vez habéis escuchado algo por casualidad, os habrá sonado a algo así como: PDF, D&D 3.5, 34,95 €, os bajo el micrófono, yehheeee, esto no es un podcast, Pathfinder, arenas ardientes, Una emperatriz en Rokugan, ¡no!… casinos y furcias... y un sinfín de palabras y frases que a nosotras no nos dicen nada, pero que a nuestros pejotas les hacen mucha gracias a razón de las risas que escucháis salir de la habitación del ordenador.


Telperion es uno de los lugares donde pejotas, y penejotas se dieron a conocer. Siempre recordaremos una histórica llamada telefónica sorpresa de una penejota intranquila en casa mientras escuchaba en la radio a su pejota debatir sobre el estado del Rol. Y recordaremos como se escuchó perfectamente tragar saliva al susodicho cuando la reconoció alto y claro al otro lado de la línea.


Momentos inolvidables para todos los roleros, momentos y lugares de encuentro.


Es por ello que estas 48 horas nos hemos sentido viudas, como cuando el máster abandona una partida, o recuerdas esa campaña inacabada. Viudas, como la viuda Gary Gigax, la de Leonidas, y la propia viuda negra.


Pero el luto tiene un límite. Y como Jean Grey se transforma en Phoenix, las 7 vidas de Cat Woman, o esos superhéroes que mueren y por exigencias del guión (o gracias un mago) vuelven a resucitar, aquí estamos las penejotas, para recordar a nuestros pejotas que la partida no ha finalizado.


Los máster han vuelto a la mesa de juego y lugar de reunión, seguirán acudiendo a jornadas, e invadiendo nuestros salones los Miércoles. Esta campaña continúa y en cualquier momento recibiréis un mensaje o una llamada de vuestro máster, incluso del Rey Chapa (que para eso ostenta su titulo) recordando dónde quedar y a qué hora, y así retomar la banda ancha.

Vuelven las palomitas al microondas, las patatas fritas a migar el suelo y la Coca cola a dejar el surco circular encima de la mesa. Y como en Star Wars, la amenaza fantasma ha pasado y una nueva esperanza vuelve a resurgir.

Así que hoy, queridas penejotas, ya sin luto, podemos decir, con la cabeza bien alta, que estamos muy orgullosas y que debéis estarlo vosotras en la misma medida por cuanto han luchado todos nuestros pejotas y los vuestros, y de cuanto han conseguido, que es mucho.

Y es que cuando el rolero medio se pone… Más (y mejor) aún, cuando los roleros medios se unen…


18/10/2010

Las penejotas: el origen.

Nuestras queridas penejotas,

Si habéis sobrevivido a un verano plagado de jornadas, vivos y quedadas, ¡enhorabuena! y sed bienvenidas de nuevo.

Nos atrevemos a afirmar que, con mucha probabilidad, durante alguna de esas interminables sesiones de rol de vuestros pejotas en el salón de casa, a pocos metros vuestros, mientras escucháis sus risas y el repicar de los dados, os habréis preguntado ¿Por qué soy una penejota? ¿Por qué esto supera mis fuerzas y sin embargo, mírales, que bien se lo pasan?

Hay que remontarse al principio, a vuestro principio, amigas, para encontrar el quit de la cuestión: ¿una penejota nace o se hace?

Cada una de vosotras habrá tenido su particular y posiblemente traumatizante primer contacto con este mundo de fichas, niveles, dados de imposible número de caras sin puntitos y puntos de experiencia. Un primer contacto que habrá marcado un punto de inflexión haciendo de unas auténticas y capaces, aunque escasas, pejotas y de otras, orgullosas penejotas. Nosotras también, y, cual mala precuela tan de moda últimamente, os lo vamos a contar.


“Mucho antes de ser la Sra. B, yo gozaba de una vida plena de amigos y relaciones sociales de alto calibre. Cuando me refiero a alto calibre me refiero a gente “guapa”. Yo me codeaba con la elite, jóvenes chunteros de fin de semana cuya única finalidad en la vida era emborracharse, ir a la moda y pasear el palmito por las discos hasta altas hora de la noche. Jamás me faltaron aduladores, ni pretendientes, ni una hombrera sobre la que llorar.

Un día decidimos salir los compañeros de la universidad de cena. La clase siempre había estado muy dividida, en un lado, la gente guapa, ósea donde estaba yo y en el otro donde se escondían los frikis; gente que leía libros en sus ratos de ocio y cuya única combinación de ropa era el negro sobre negro. Para mi desgracia uno de ellos se descolgó de su grupo de amigos raros y sin estilo. Llevada por la caridad humana, le invité a agregarse a nuestro grupo. Después de tres kalimotxos el chico raro estaba sentado en un banco contándome las maravillas de un mundo que no acaba de entender. Amigos que se reunían a jugar en una mesa, tiraban dados, y utilizaban la creatividad para otra cosa distinta a la de maquillarse o rizarse el pelo. Sus palabras resonaban en mi cabeza como las de un mesías y hacían sentir que mi vida era una mera ilusión, como la de Keanu Rives en Matrix. Tuve la visión de una nueva realidad que me transportaría a otros lugares increíbles que no eran el centro comercial. Al fin de semana siguiente, me invitaron a una de esas reuniones. Todo eran hombres, heavys con pelo largo o calvos, no había ninguno en término medio. Sobre la mesa un radio cassete de dos pletinas, un libro más gordo que la biblia y siete hojas. Ese día mi vida cambió; el máster alargó su mano y me dijo:





-¿Dados rojos o azules?




La persona que se sentó a la mesa y la que se levantó después no fue la misma. Me había convertido en uno de ellos, tenía un poder que no sabía que tenía, y ese poder era grande: la imaginación. No puedo recordar la temática fue hace mucho tiempo, pero recuerdo las que vinieron después, Mutantes, Vampiro, Mago, Changelling, e incluso el primer día que fuí condecorada con mi primer juego: El James Bond (con aquellas horribles ilustraciones). Aquel día supe que había pasado a Matrix y que mi agenda social no volvería a ser la misma.”

Tras tan sinceras y nostálgicas palabras, sigamos con nuestro particular Big Bang. Se podría decir que la Sra. V tuvo un par de encuentros insatisfactorios con el rol.

El primero se produjo allá por el año 2000, cuando conoció a un grupo de mozos, en apariencia normales. Sin embargo, los susodichos no hacían más que hablar de rol, de su master y de vampiros. Resuelta a participar de la monotemática conversación, a la Sra. V no se le ocurrió otra cosa que preguntar: y eso del rol, ¿qué es? Con el tiempo descubrió que entonces la tomaron por tonta, ya que esta fue la respuesta: “Es un juego en el que juegas (yeah!) en un mundo en el que existen vampiros, magos y hadas, y tu haces de vampiro. Nuestro master es quien dirige el juego, pero tranquila que le vas a conocer.”

Pues bien, el master en cuestión, de quien hablaban como si fuera el mismísimo líder de un movimiento sectario, hizo su entrada en escena ataviado con una estupenda cazadora de piel negra a lo Matrix ondeando a sus más que evidentes aires de superioridad. Era entonces lo que hoy denominaríamos un protofriki, de esos que ni se molestan en hablar con profanos del tema o que si se dignan, lo hacen con tal condescendencia que hasta les duele. Tanta sabiduría contenida en tan arcano ser tampoco sirvió para aclarar a nuestra penejota qué era eso del rol, pero uno de sus acólitos se despidió dejando en las manos de la Sra. V, en lo que suponemos un arranque de romanticismo pejotil, su primera ficha de personaje (¿Por qué demonios la llevaba en la cartera?). Era un vampiro, claro.

Aquella ficha arrugada, perdida después de varias mudanzas, despertó el gusanillo en la Sra. V, que terminó años después sentada a una mesa camilla (de las de brasero) intentando comprender qué son las esferas y por qué había tenido que elegir la Orden de Hermes para jugar a Mago si apenas la diferenciaba de las demás. De aquella sesión sólo quedó una ficha a medio completar, un máster probablemente desmotivado para los restos y la convicción de que aquello no estaba hecho para ella.

No nos engañemos, queridas, ninguna de nosotras creció soñando ser un marine espacial o una semi-orca bárbara. ¡Pero no desesperéis! La multitud de ambientaciones disponibles a día de hoy pueden ofrecernos un amplio abanico de posibilidades (y si no las hay, las inventamos ¿de verdad aún pensáis que se necesitan reglas para jugar a rol?). Y existen directores de juego estupendos, pacientes y originales, ya muy lejos de los mohosos protofrikis, que flaco favor hacen al entrañable rolero medio, y de quienes debéis cuidaros pues, aunque en peligro de extinción, haberlos, haylos.




Para muchas, tenedlo claro, aún no es tarde, si la partida es buena.