1 dic. 2010

Solo para nosotras



Nuestras queridas penejotas:

Un par de veces al año, nuestros pejotas se reúnen con (sí, habéis acertado) otros pejotas (endogamia rolera) en algo que llamamos Aldea, que viene siendo casi 24 horas de un no parar de rol, juegos de mesa, charlas sobre sistemas de juego y novedades… Al menos esa era la idea inicial… después de varios encuentros, realmente acuden a ver a sus amigos, y, como no podía ser de otra manera, dado que ahora también son nuestros amigos, siempre acudimos allí las penejotas prestas ¡prestísimas!

Siendo que en el primer encuentro nos debimos mostrar muy tímidas (o prudentes) uno de los pejotas tuvo a bien preparar una partida sólo para nosotras, o lo que se bautizó desde entonces como Only For Women: un (insensato) master, 4 o 5 o 6 (estupendas) mujeres (no todas jugadoras habituales) y toda una aventura por delante.

Sin duda en un primer momento nos tomamos esto como un gesto de buena voluntad y con el ánimo de introducirnos más de lleno en el verdadero mundo del rolero medio.


Pues bien, la primera partida propuesta, fue de Elric. Sea que nos meten a todas en un barco, con un tipo que por lo visto hacía uso y disfrute de cada una a su antojo en orgias de vicio y desenfreno sin fin.

Aquí el master se vio imbuido de la cantidad de hormona femenina que flotaba en el ambiente, pero obvió algunos detalles sin importancia. Y es que las mujeres somos malas, y en compañía de otras mujeres… somos peor.

No recordamos bien qué personajes llevábamos cada una (no esperaríais que nos guardásemos la ficha en la cartera, como aquel del que os hablamos hace poco) pero sí que éramos pérfidas de base. Pero todavía nos hicimos peores: nuestro plan, el plan secreto de cada una, era ir matando al resto de personajas para quedarnos solas con el trono de Melniboné que pensábamos tomar a la fuerza. Creemos recordar que matamos entre todas al tipo del barco y entonces el master soltó la bomba: “una de vosotras está embarazada” a lo que la Sra. V respondió: “pues tiramos por predictor”. Pero no, no había tiradas de predictor en ese sistema. ¡Qué incompleto! El caso es queel master, en un momento dado en el que nos despistamos, nos mató a todas. Una detrás de otra. Sin tirar ni nada. “Ahogada, ahogada, ahogada, decapitada, decapitada” Y para qué queremos más. Eso no se le hace a una penejota. Empiezan a gritarle. Le siguen gritando. Le gritan un poquito más y lo que empezó siendo Only for Women, termina con un “Nadie dijo que fuera fácil”. Añadir la sorprendente poca solidaridad pejotil, ya que el resto de pejotas se reía agazapado, junticos y en la otra punta de la habitación no fuera que a alguno le salpicase. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que ante la penejota el pejota sí está solo. Este pejota estaba destinado a perecer sin saberlo.


Superadas tan prematuras y dramáticas, a la par que injustas, muertes, llega el segundo OFW. El valiente master nos pregunta si hemos visto la serie Firefly. Pues no, no la hemos visto (y a tenor de la cancelación fulminante que sufrió, solo él la había visto) Como mucho a peli, Serenity. Al no haberla visto, basará la partida en uno de los capítulos de la serie.

La Sra. B, encantada, interpretará al atractivo capitán, y la Sra V. a la atractiva inquilina de dudosa reputación de la nave. Y comienza la partida con una estupenda pelea de bar. El sistema era sencillito (o eso nos pareció, a pesar de que el libro estaba en inglés) y nos encontrábamos en nuestra salsa, divirtiéndonos y aprendiendo palabros como “metagame” (dicho con rintintín porque sí, también hay protrofrikis entre nosotras) cuando de pronto ¡dejamos de jugar! Y lo peor ¡nunca más se supo! Fue nuestro primer y traumático rolus interruptus. Eso tampoco se le hace a una penejota. Así que desde aquí te instamos, oh master, que ostentas el dudoso honor de dejarnos a medias, a qué termines lo que empezaste. Hemos dicho.


De partidas a medias, a interminables sesiones: llegamos al tercero de los OFW. No pretendáis, queridos, tenernos más de dos sesiones jugando (o más de 5 horas, si lo preferís). Partida de Mutants and Masterminds con un grupo de superheroinas muy verracas pero divinas a la par. Demostramos (y tanto que sí) que no hacen falta dados. Como el master se despistara, ya habíamos resuelto 4 o 5 acciones del tirón nosotras solas (siempre a nuestro favor, claro). Y que no se molestara en preparar una némesis con su ficha, sus características, su descripción perfecta y su nombre, para nosotras, desde el momento en que la vimos, era “la zorra” y con “la zorra” se quedó para los restos. Todas llevábamos una especie de Super-Busca-Mega-Localizador y de pronto el master nos dice que se nos ha encendido a todas a la vez una luz roja en el aparato. “Ostras, la regla” Exclama la Sra B. haciendo del OFW un auténtico OFW.

Al durar tantas sesiones (recordemos, eso no se le hace a una penejota), algunas jugadoras se retiraron, dando paso a las vaginas alternativas, o pejotas que se prestaron a acompañarnos. Es muy curioso ver a un hombre interpretar un personaje femenino que antes jugaba una mujer como cree que ella lo haría. ¿De verdad nos veis así? En cualquier caso, lo de incluir vaginas alternativas dio mucha gracia al asunto y no será esta la última vez que nos topemos con ellos/as.


Por cuarta vez nos reunimos en nuestro particular aquelarre, esta vez para interpretar a una aguerridas aunque un tanto peludas, furias negras. La cosa prometía: unas amazonas que se pueden convertir en lobo y ¡encima entrar en crinos!, en la Grecia mitológica. En ningún momento perdimos la esperanza de encontrarnos con un Ares como el que se beneficiaba Xena, pero nada más lejos. Empiezan las complicaciones: que si tirar chorrocientos dados, que si teníamos la posibilidad de ir a la umbra (o de caernos en ella, ese concepto no nos quedó muy claro) y para colmo, de nuevo la partida se alarga y cuando creemos llegar al final, el master (sin despeinarse el tío y sin perder la sonrisa, la verdad sea dicha) va y nos saca una hidra!!! Como ya llevábamos aprendido lo el metagame gracias a la protofriki de turno, venga a flechazos y zarpazos con la bicha y claro, cabeza que le cortabas, más que le salían, y eso sí que no se le hace a una penejota agotada. Por un momento, hasta nos planteamos el suicidio de las personajas en los ríos de lava que nos rodeaban… Pero finalmente, muy finalmente, vencimos ¡Estaría bueno!


El último OFW despertó mucha expectativa, ya que íbamos a estrenarnos con El rastro de Chtulhu, interpretando, además, profesoras de la época en una escuela de señoritas y a un cura, a lo padre Karras (y su pelazo), reconvertido en jardinero. La partida iba bien (no tiramos ni un dado), demasiado rápido incluso, tanto que el director de juego pasaba página tras página, intentando situarse, de todo lo que nos estábamos saltando. Veamos, ilustres autores de aventuras: si hay un trastero misterioso, ¿dónde vamos a terminar? Pues en el trastero misterioso. Ah! ¿Que además hay un sótano? Pues al sótano de cabeza. ¡Sobra la mitad del módulo! Y mientras tanto el máster venga a pasar páginas (juraríamos que a veces también volvía atrás). La buena Sra. V interpretaba al padre Karras, que a lo pájaro espino, pretendía beneficiarse a una de las profesoras antes de que el horror cósmico se cerniera sobre ellas. Pero ay! de pronto la jugadora objetivo se retira y hace su entrada un vagina alternativa que dejó la libido del pobre cura enterrada más abajo que allí donde descansan los primigénitos (o primigenios, o cómo sea). La partida termina con algunas de nosotras entrando en una cueva y encontrándonos con vaya usted a saber qué ente que, sin posibilidad de defendernos, nos lleva a una desesperación tal (y tan incomprensible), que el OFW terminó siendo el WTF. Todavía no tenemos claro si morimos nosotras, o toda la humanidad, o si aun están allí los personajes recreándose en el espanto puro y preguntándose para qué habían llevado pistola. Eso, claro está, tampoco se le hace a una penejota.


La verdad, después de todo, es que nos lo hemos pasado muy bien (gracias a todos) y hemos aprendido mucho sobre el rol, principalmente lo que no queremos:


- No nos gusta que nos maten pronto. Vamos que no nos maten y punto.

- No nos gusta que nos dejen con ganas (¿y aquién sí?)

- Nos motivan las némesis femeninas más guapas y más chulas que nosotras, eso aumenta exponencialmente nuestra violencia que focalizamos hacia ese objetivo común. Vamos que nos une mucho. (“Zorra” de nuestras entretelas, no te olvidaremos). Eso sí, siempre y cuando no les salgan dos cabezas al cortarle una.

- Los sistemas no satisfacen por completo nuestras necesidades y los dados, por lo tanto, son prácticamente innecesarios.

- Las cosmogonías lovecraftianas no están hechas para nosotras (y no pasa nada si dices Astur tres veces)

- Nos no gustan las partidas larguísimas, pero tampoco las cortitas. Por lo que concluimos que en el rol el tamaño sí que importa.


Siempre que dirijáis a penejotas

Guardaros muy mucho de llevarles la contraria

Recordad tener presentes y atender sus necesidades

Incluso aunque os parezcan descabelladas (porque nunca lo son).